martes, 10 de julio de 2012

Polvo del Sahara en el Caribe


 Un poco del Sahara… en Cuba
 
Anualmente se dispersan por varias partes del planeta más de 3 mil millones de toneladas de polvo procedentes del desierto del norte africano. Llamadas Tormentas de SAL (Sahara Air Layer, por sus siglas en inglés), estas «Capas Aéreas del Sahara», vuelan incluso por sobre el océano Atlántico y llegan hasta el continente americano.
Al despegar de África, la tormenta de polvo aprovecha fuertes corrientes de aire sumamente seco y caliente para ascender. En su desplazamiento sobre el océano se encuentra con masas de aire más frío sobre las cuales se desliza como en un colchón, pero sin trascender otras corrientes aéreas heladas a mayor altura. Entonces se acomoda en esta especie de «pista» que muchos denominan jet de bajos niveles.
Al final del trayecto, la nube de polvo desértico cae como un amplio abanico 
que va desde La Florida hasta la zona amazónica, incluido el Mar Caribe, sus islas y sus ecosistemas.
El viaje se produce, generalmente, entre marzo y agosto, pero los meses de mayor volumen son junio-julio.
Cargadas de mala fama y en dependencia de sus «zonas-fuentes», las Tormentas de SAL —en realidad un polvo muy fino, respirable— pueden traer carga biológica si vienen de zona sur —desierto del Sahel— en forma de esporas, polen, hongos, estafilococos, virus y otros contaminantes orgánicos, pero también, si proceden del Sahara argelino —norte—, traen minerales como el calcio y metales pesados incluyendo hierro y mercurio; a esto, varios expertos lo denominan irónicamente polvo «limpio».
Sin embargo algunos le conceden a las tormentas ciertas virtudes. De lo que viene a América la mayor parte queda en el océano, pero los expertos calculan que 50 millones de toneladas caen solo en la amazonía, con un curioso balance de nutrientes, de muchos modos beneficiosos para la enorme masa verde del pulmón del planeta. El polvo también fomenta la creación de suelos en zonas rocosas.
Sobre el mar tiene un efecto «fertilizante» al depositar grandes cantidades de hierro que interactúan con determinadas bacterias, formando compuestos nitrogenados, ideal para la profusión de fitoplancton; con ello  se dispara la base de la cadena alimentaria; pero… según afirman los científicos es tanta la cantidad de hierro que en muchas ocasiones se rompe el equilibrio y también hay grandes floraciones de algas tóxicas que provocan las llamadas  mareas rojas,  con alta disminución del nivel de oxígeno en el mar.
En cambio, no se conocen cifras exactas de lo que llega a la cuenca del Caribe. En verdad son millones de toneladas… y de preocupaciones.

Para el experto cubano Eugenio Mojena López, las Tormentas de SAL tienen a su favor inhibir la ciclogénesis, es decir, la formación de ciclones e incluso pueden destruir huracanes ya en desarrollo: «hay que verlo en dos procesos —dice—; por un lado ese aire fuerte, caliente, seco y polvoriento interfiere en la formación de los ciclones que necesitan de ciertas condiciones estables de humedad para su formación; pero también destruye los huracanes ya formados, porque introduce vientos muy fuertes dentro del sistema y sobre las columnas de sus vientos giratorios».
Sin embargo, para este meteorólogo de origen, también este polvo, por inhibir la lluvia fomenta las sequías. En su opinión, «todo hay que analizarlo integralmente, pues la cuestión tiene que ver con las incidencias en humanos-plantas-animales, es decir del ecosistema completo, sobre todo en el tema salud.
Según Mojena López, Doctor en Ciencias Físicas, especialista en percepción remota y estudios de la tierra según datos satelitales, al país le urgen investigaciones más profundas. «Nos faltan mediciones de superficie. Los pocos datos están muy dispersos. Los cotejos que hemos hecho en Cuba  no han sido en serie, no son sistemáticos ni están estructurados.
«El último estudio grande —entre 2005 y 2010— indica que han sido menos intensas las tormentas de polvo del desierto africano, pero no quiere decir que sea poco lo que llega. Las observaciones en Guantánamo, por ejemplo, nos llevaron a comparar la llegada de polvo y la concurrencia por casos de asma a centros asistenciales. Hubo aumento y ocurrió en varios años seguidos, fuera de los meses de invierno, algo que, según datos obtenidos, coincide en todo el arco de Las Antillas. Hay zonas en Cuba donde se presentan picos de incidencia  de casos de asma bronquial en determinadas edades —en grupos de 1 a 4 años y en mayores de 65—, coincidentes con la llegada de polvo desértico en el verano.
«Hay algo que no podemos obviar: el asma en el país ha aumentado varias veces ¿Cuánto puede estar vinculado a la presencia de polvo del desierto? ¿Cuál es la zona «fuente»? ¿Qué componentes tienen? Cuando el mundo desarrollado se ocupa de estos problemas, utilizando recursos financieros, tecnológicos y humanos, por algo será. Soy colaborador de una universidad de Puerto Rico y ellos se emplean a fondo mediciones en relación con el polvo que nos llega del desierto del Sahara. Pero no solo eso: realizan cálculos y observaciones desde que la tormenta de polvo se aproxima a este lado del Atlántico y al momento de su llegada; luego contrastan estos datos con las observaciones hechas en las zonas-fuentes. Utilizan eficientemente las  informaciones del llamado Tren-A, es decir una constelación de satélites —de cuyos datos nos beneficiamos también los cubanos— para observar todo lo relacionado con las tormentas de polvo de los desiertos africanos.
«La idea es tomar las precauciones ahora y no esperar a que ocurra un desastre. Cualquier evento atmosférico que se presente en la zona del Sahara durante el verano puede afectarnos a nosotros en ocho días, aproximadamente.
«Recomendamos estricto monitoreo de las tormentas de polvo; sobre todo mejores mediciones biológicas, pues son partículas respirables, que caen desde Punta de Maisí al Cabo de San Antonio y de algún modo nos pueden estar afectando». 
                                                                           Texto, infografía y foto: Jorge Sariol

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